También porque durante 12 largos meses, el ejército invasor ha lastimado sin clemencia a un pueblo; cometido lo que a todas luces —y de acuerdo a organismos internacionales— son violaciones graves a los derechos humanos de los ucranianos. Crímenes de lesa humanidad. No en balde se ha provocada el segundo mayor éxodo de refugiados en la historia de la humanidad, solo después del de la II Guerra Mundial.

Y en esas estamos, presenciando —los ucranianos sufriendo— una espeluznante realidad, cuando el presidente norteamericano, aprovechando se reuniría a la vecina Polonia con su líder Andrzej Duda, hace una visita sorpresa a Kiev, capital de dicha profanada nación. ¿El mensaje que les lleva Joe Biden? “Aguanten; Ucrania DEBE aguantar… todavía más”. Que quede claro, no existe otra razón para que el ejecutivo federal estadounidense (y me refiero a Biden, asesorado por su gabinete militar, de asuntos internacionales y también de seguridad) haya decidido hacer dicha parada más que una muy fundamentada preocupación de que Rusia termine por vencer —ahora sí ya definidamente— a Ucrania. Lo que no significa el fin de la guerra sino el comienzo…

El inicio, sí, pues luego se aprestaría a ir por los Balcanes —territorio de la OTAN— y forzar la respuesta frontal, decidida, directa de esta organización, particularmente de parte de Estados Unidos, uno de sus países miembros.

Sorprendente, pero no por ello menos cierto: todo indica que EU NO le apuesta —al menos no en estos momentos— a que Vladimir Putin esté perdiendo poder al interior de Rusia, de lo contrario no habría ido Biden a Ucrania.

Después de todo, Putin cuenta con que los rusos han aguantado —y tendrán que seguir haciéndolo sin alternativa alguna— las penurias y las muertes que sanciones y guerra han traído. Miserias que Moscú “vende” como ocasionadas por el occidente.

Irónico al mismo tiempo, pues la entrega de Estados Unidos de tanques Abrams a Ucrania a principios de enero y posibles “armas de largo alcance” solo alargaría la agonía en Ucrania —no la detendría—, todo en aras de que la guerra hasta ahora estrictamente localizada no se extienda al resto del orbe. “Una vez más, (expreso) admiración por el pueblo de Ucrania, ciudadanos comunes y trabajadores, que nunca se habían entrenado en el ejército, pero la forma en que se esforzaron es más que heroica y todo el mundo lo piensa”, como dijo Biden. Un discurso de aliento para seguir aguantando. EU sabe muy bien que en la medida que Ucrania no deje de sentir que puede resultar militarmente vencedora, la guerra contenida continuará, pero al mismo tiempo una de mayores proporciones se evitará (van algo así como 113 mil millones de dólares en apoyos por parte de la Unión Americana). El pueblo ucraniano como dique de contención —no para beneficio exclusivo de los norteamericanos sino del mundo occidental, incluyendo a México—. Así de sencillo y de terrorífico a la vez.

Y es que nuestro vecino país del norte elevó nuevamente, y de forma súbita, sus propios niveles de alerta en el sentido de que se dé una guerra de proporciones mundiales para combatir a Rusia y los aliados de esta nación ante lo que temen sean inminentes ofensivas determinadas en Moscú. Particularmente por lo que respecta al involucramiento de Beijing en apoyo a Rusia. Hay preocupación en la Casa Blanca en el sentido de que China comience a dar todo el soporte armamentista a Rusia ahora que Wang Yi, consejero de Estado de China, visite Moscú esta semana.

Más nos vale a todos en México leer el mensaje que está mandando la Unión Americana. ¿Se imaginan ustedes, después de la pandemia, de la contracción económica mundial —para algunas naciones el franco colapso— que ha traído, de la recesión norteamericana y de otras latitudes, lo que sería una guerra de este otro calibre?

Biden manda la señal de que la pesadilla, ya no solo para Ucrania, sino para el resto del mundo, podría estar por empezar.